domingo, 11 de noviembre de 2018

Mis pensamientos, mis sentimientos 18


          Hoy te quiero hablar de Amor Incondicional, algo que siempre me ha resultado complicado de explicar para que se me entienda, sin que se me tache de ilusa y hasta de mentirosa, porque no me creen, cuando les explico cómo amo, ya que toca "fibras" muy sensibles para muchas, en este mundo irresponsablemente tan materialista y se niegan a aceptar que se pueda dar algo a cambio de nada... 







          Para mi todo está entrelazado. Desde un sentido libertario de entender la vida, yo cuestiono la equiparación que se hace entre querer y amar, como ya te dije, en otra nota anteriormente, creo. 

          Para mi, amar está estrechamente vinculado al dar con libertad, no por ningún tipo de obligación o compromiso impuesto o auto impuesto con la destinataria, dar sin más, porque brota de lo más profundo de alguien que desea hacerlo, sin esperar otra cosa, sin esperar, siquiera, que sea aceptado, que tenga una respuesta, que sea reconocido, sin esperar nada, solo dar amor.

AMAR SIN MÁS


          Querer no refleja otra cosa que posesión. Querer tener lo que se ama no siempre es lo más natural, nos guste o no.

          Desde mi punto de vista, que aquí te expongo para que lo te lo cuestiones, si te apetece, claro, (si no, no seguirías leyendo mis "paridas"), querer es lo que cosifica el amor que, deliberadamente impuesto por casi todas las religiones, llenas de tabúes y contradicciones manifiestas, ha ido llenando el concepto amar de quereres, de necesidades, de exigencias, hasta convertirlo en algo.

          Desde una concepción libertaria, amar y poseer se repelen, aunque, muchas veces, influenciadas por las culturas heredadas, solemos confundirnos, ante la necesidad de poseer lo que amamos, tenerlo siempre cerca, bajo nuestra "protección", en exclusiva o poco menos... 

          Nos pasa con las mascotas, por ejemplo y se que esto, es muy probable que te remueva un poco, si tienes algún animal "adoptado", porque, desgraciadamente, viviendo en esta sociedad, no te puedes permitir dejar que vivan en libertad, sin un mínimo de "imposiciones necesarias".






          Eso me llevó a plantearme si alguna vez había amado de verdad, porque, en mi juventud, tuve una mascota, un perro, cruce de pastor alemán y "vaya usted a saber", que me regalaron en la calle, con apenas unos días de vida, lo metí en mi macuto y en el autobús, donde, por aquel entonces, estaba prohibido, me lo llevé a casa, un tercer piso de la avenida Guipuzcoa de Barcelona. 

          Me enamoré de aquella criaturita inocente, tan agradecida con todo, tan alegre, tan juguetona, que me daba tantas satisfacciones. Yo estaba encantada y Arturo, que es el nombre que le puse, también lo estaba o, al menos, eso era lo que yo creía...

          Nunca, hasta bastante más tarde, me planteé si era realmente amor por un ser vivo o mera posesión de un juguete más y, si realmente era amar privarle de la libertad y tenerlo encerrado en un piso, mientras yo trabajaba, sometidos ambos a un horario y a una disciplina con la que no nos sentíamos cómodos ninguno de los dos.

          Yo me justificaba de mil maneras, por tenerlo, porque sin mi, seguramente habría terminado en una perrera o peor aún, atropellado por un coche...

          Nunca me planteé lo que tenía delante de las narices y no era capaz de ver y era que Arturo sí que profesaba por mi un amor incondicional, porque siempre me esperaba pacientemente, haciendo "su vida", mientras esperaba.

          Siempre estaba junto a mi cuando lo necesitaba, se alegraba conmigo y me acompañaba cuando yo estaba triste, si me enfadaba con él, por el motivo que fuera, lo aceptaba y no se me enfrentaba, aunque fuera injusto con él, pero si alguien se metía conmigo, sacaba la fiera que llevaba dentro y me defendía, fuera contra quien fuera, exponiendo su vida, si fuera necesario.

         Ellos siempre están dispuestos a jugar contigo, vigilan tus sueños, les encanta que los acaricies, siempre atentos a tu estado de ánimo, siempre te perdonan, saben esperar, saben agradecer.

          La alegría que demuestran cada día cuando vuelves a casa, su necesidad de interactuar contigo, su incondicionalidad a la hora de estar de tu parte, sin importarles que en muchas ocasiones los ignores o los castigues, que lo haces.



PARA MI ESO ES AMOR INCONDICIONAL









AMAR POR AMAR MULTIPLICA EL AMOR
EXPONENCIALMENTE 



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